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UNA NUEVA GENERACIÓN DE GUERREROS DEL BALÓN, QUIERE ESCRIBIR SU PROPIA HISTORIA OLÍMPICA.

  • 23 abr 2016
  • 2 min de lectura

Barranquilla, la casa de la selección, se vestirá de gala nuevamente, para empujar la tricolor, rumbo al sueño olímpico que ha sido esquivo para el balompié nacional durante 24 años.

El querido estadio metropolitano, de grandes gestas futboleras, demostrará la emoción, la pasión por la tricolor y el espíritu fiestero que caracteriza a “Curramba.”

Estos serán algunos de los elementos que le aportará el jugador numero 12 a los dirigidos por Carlos “Picis” Restrepo: no gritará con las atajadas de Ospina, los cierres oportunos de Mario Yepes, los tiros libres de James y los remates de Falcao, como ocurría hace poco tiempo. Porque llegó el turno de brillar para Cristian Bonilla, con sus puñetazos eficaces; para Yerry Mina, con sus cabezazos contundentes; para Juan Fernando Quintero, con sus pases llenos de magia y para Rafael Santos Borré, un delantero de definiciones letales; ellos serán los conductores de cada una de las líneas de vanguardia y retaguardia en el campo de juego.

La responsabilidad de estos 25 guerreros cafeteros es muy grande porque sus antecesores olímpicos, ya se encuentran lejanos en el tiempo.

A tierras Mexicanas, viajó en 1968 un seleccionado dirigido por el entrenador Vallecaucano Edgar Barona, que contaba en sus filas con Otoniel Quintana, Luis Eduardo ‘Camello’ Soto, Ramiro Viáfara y Eduardo Retat. En Múnich 1972, el orientador fue el Yugoslavo Toza Veselinovic y los referentes en la cancha fueron Gerardo ‘El Alemán’ Moncada, Jaime Morón y Willington Ortiz.

Mientras a Moscú, en 1980, la delegación colombiana estuvo comandada por el samario Eduardo Julián Retat, como director técnico, y entre la nómina se encontraban José ‘Cheche’ Hernández y Pedro Sarmiento.

Doce años después, “los héroes de Asunción” que ocuparon el segundo lugar en el preolímpico de 1992 en territorio guaraní, tomaron el estandarte y participaron en Barcelona, donde dejaron una huella indeleble en el balompié nacional, e internacionalizaron nuestro estilo de gambetas, goles y atajadas que hechizaron al planeta fútbol en América y Europa. Recordados son los nombres de Faustino Asprilla, Víctor Hugo Aristizabal, Iván René Valenciano, Víctor Danilo Pacheco, Harold Lozano, Jorge Bermúdez y Miguel Calero que hicieron parte de esa plantilla dirigida por Hernán Darío Gómez.

Llegar a las justas del olimpo deportivo, no es precisamente un camino de laureles; por el contrario, el recorrido está lleno de épicas batallas, once contra once, en las que se debe demostrar amor por la camiseta, derramando sangre, sudor y lágrimas para vencer a los tradicionales rivales del continente.

Por su buen juego los nuestros fueron elegidos por los dioses del fútbol para tener una última contienda contra el equipo de las barras y las estrellas y dirimir la clasificación en la tierra del “jogo bonito”.

Todo está listo para el puntapié inicial en el metro, y 44 millones de corazones esperan latir al compás de los quiebres y regates de una nueva generación de jóvenes talentos, que se abren paso en las canchas del mundo, convirtiendo la renovación de nuestro fútbol en una realidad, que buscará dejar huella.

Esperemos que la quimera se concrete cuando veamos desfilar por la pista atlética del estadio olímpico de Rio de Janeiro a los guerreros cafeteros y los veamos jugar en el mítico Maracaná.


 
 
 

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